lunes, 2 de diciembre de 2013

DE PROFESION: SER MUJER


Natalia María Málaga Dibós, es una mujer fuerte y agresiva con la vida y con el rival que tenga en frente.  A sus 49 años de vida, ha cosechado triunfos, alegrías, penas y tristezas en el deporte  del voleibol. Verla inspira respeto, su temperamento, empuje y temple han hecho que esta mujer sea vista como una insignia que muchos quisiéramos llevar en el pecho.

SUS DISTINTAS FACETAS

Sus ojos vieron la claridad del día en enero del  año 64, a más de un mes de haberse iniciado un nuevo verano en la ciudad de Lima. Creció en medio de  una infancia acomodada en el distrito limeño y poco populoso de San Isidro. Hija de Manuel Málaga y de Ida Dibós, personajes reconocidos y de la alta clase limeña. Tiene 8 hermanos, ella es la última de esta famosa casta.  

Desde su niñez Natalia demostró que lo suyo no era estar entre muñecas, usar vestidos por debajo de la rodilla, zapatitos de charol, y ponerse un moño. Ella prefería jugar  canicas, a las escondidas o lo que más le agradaba era el fulbito, lo practicaba con sus hermanos y amigos del barrio.  Los que compartían estos  momentos  con ella, recuerdan que siempre la enviaban al pórtico, porque aprovechaban su baja estatura y su corta edad para precisamente  mofarse de ella. Su educación la hizo en el  renombrado y prestigioso colegio Mater Purisima y estando aún ahí,  con tan solo 13 años de edad empezó su larga y conocida carrera voleibolista en la selección nacional peruana.

Corrían finales de los años 70', muy pequeña aun en edad y en talla para una disciplina deportiva que demanda más estatura, Natalia Málaga  comenzaría a escribir historia en el voleibol, deporte que tantas alegrías le ha dado a los millones de peruanos.

Su nana y amiga, Doña Irma, quien vino proveniente del Cuzco, su ciudad natal, por intermedio  de un familiar. Llegó como jugando -como ella dice-. Se puso a hacer las labores de limpieza en la casa Málaga y luego se instaló ahí. Conoció muy a hondo a los dueños de la residencia  y estando éstos en los últimos años de su vida aún más. Vive con ella y trabaja al lado de esta connotada deportista por más de 33 años ininterrumpidos.

Refiere que Natalia Málaga, desde que la conoció (hace memoria un momento e indica que fue cuando la voleibolista tenía la edad de 13 ó 14 años),  siempre fue muy avocada al deporte de la net alta. En todo momento quería demostrar que esto (el voleibol), iba a ser lo que la llevaría muy alto. Trataba siempre de hacer las cosas bien en la escuela y en el juego; aunque confiesa que Natalia era una alumna  no muy aplicada y su madre (la señora Ida), debía de estar perennemente detrás de ella, llegando al punto de `corretearla´ en ciertas ocasiones.

Doña Ida, su madre, la llevaba al colegio y al voleibol, haciéndola entender desde muy pequeña que todo sacrificio tiene su recompensa y que por más complicada que sea la situación siempre hay alguna solución que darle. Su padre, Manuel Málaga era un tipo de pocas palabras y muy recto, pero no por eso dejaba de ser cariñoso y muy demostrativo en este aspecto hacia sus hijas. Casi no estaba detrás de ella para este tema -los estudios-  pero, hace referencia que le dejaba esa potestad a Doña Ida. Lo que sí  le gustaba era el respeto y la rectitud, que sus hijos  lleven una vida disciplinada y en orden (es por esto tal ves que Natalia heredó ese carácter tan temperamental que posee).  

El recuerdo que tiene ella de la deportista cuando tenía 17  ó 18 años de edad, es vago, comprensible por los años que han pasado. Lo que si recuerda muy bien es que a Natalia no le gustaban las fiestas, prefería  estar entrenando en el voleibol, con el balón como amigo y con la cancha como una amiga inseparable, escapando de lo que una jovencita de su edad hace de un modo regular.

Me muestra una foto familiar, es un tanto complicada describirla. En ella se ve la felicidad de  Doña Ida, al lado de sus cuatro hijas, un serio Don Manuel y sobresale la figura de Natalia, tan jovencita en ese retrato, pareciese que fue  a la edad que recién salía del colegio. Comenta Doña Irma, que efectivamente, Natalia en esa foto tenía 18 años de edad, ya jugaba voleibol, ya era seleccionada nacional, ya aspiraba a lograr algo grande para el Perú. Una mirada distraída, su  cabello corto de color marrón oscuro ceñido al cuero cabelludo en los lados laterales de su cabeza, un corte al estilo Mc Giver se podría decir.  Una adolescente aun con la boca abierta, como expresando o diciendo algo antes de  que fuera tomada la foto, explican lo pícara, seria y alegre  que fuera en esa época. El entorno familiar dice también la clase de hogar que tenía, bien constituido, con la solvencia emocional suficiente como para `devorarse el mundo´.

La pérdida de sus padres provocó un gran vacío y un gran dolor a Natalia, más aún porque al momento del fallecimiento de ambos, ella no estuvo en el país, refiere Doña Irma. Primero dejó de existir Doña Ida o “mi viejita”  como ella la llama y la recuerda muy cariñosamente, mientras un poco de nostalgia esboza de su rostro.  Natalia para ese entonces, se encontraba jugando en el extranjero, en Italia. Cuando partió su papá, ella se encontraba en Estados Unidos, de gira con la selección nacional. Para Natalia, sin duda alguna estos golpes que la vida le dio, fueron de los más duros y difíciles de asimilar, ya que Doña Irma  expresa que, Natalia por ser la última de los hijos y por  ser la única de todos ellos que vivía con sus padres, sufrió bastante.  Pero ella es una mujer fuerte, formada  con valores morales y éticos, los suficientes como para demostrar que es una dama hecha  de hierro  y que estar envuelta en la piel de una dócil mujer, con una estatura no muy pronunciada para el voleibol, no la limita en ningún aspecto.

No era una mujer tan seria como lo es ahora. Antes era más juguetona, propio de la edad. En el día a día siempre aplica el respeto como premisa fundamental. Natalia no dice las palabrotas que salen en la televisión, al menos no muy a menudo, en casa es muy distinta.  Cuando regresa del voleibol,  luego de haber perdido algún partido, o cuando viene amarga por alguna situación, lo mejor que se hace en ese momento es dejarla, alejarse de ella –probablemente porque de ese modo uno se controla mejor y se le va la ira-  luego, con el paso del tiempo, ella viene a jugar con sus animalitos –tiene 7 perros y una gata en casa- y al rato se le pasa la molestia, cuenta Doña Irma, mientras se ríe. Es muy preocupada por ellos, haciendo referencia de los animales, les profesa mucho amor, los cuida como si fueran sus hijos, si se enferman los lleva al veterinario de inmediato.

Como se sabe, Natalia también es una Amazonas, tiene tres caballos, le encanta la equitación. Doña Irma cuenta que Natalia se va todos los días a ver a sus corceles, se levanta muy temprano, a eso de las 7:00 a.m. y los visita. También, al igual que a los demás animales que tiene los cuida y los protege, está siempre al tanto de lo que necesiten.

Como madre, dice Doña Irma, es una mujer muy abnegada, respetuosa y sumamente cariñosa. A pesar de no contar o disponer del tiempo que todo hijo merece, siempre está a la pendiente de su retoño.
Ella está en conversación constante con su hija, quien ya cuenta con 17 años de edad, es delgada como su madre, pero un poco más espigada y tiene el mismo nombre que la triunfadora, Natalia. La rectitud es algo que sobresale en su persona, eso es lo que le enseña a su hija, al parecer, quiere dejar su legado, el legado de la familia.

Al igual que su madre, Natalia demuestra el gran afecto y amor que tiene con su menor, llevándola a todas partes, no la descuida ni un momento. La relación que ellas comparten es muy especial. Natalia la cuida, verifica constantemente que no vaya por el mal camino o no de un paso en falso, como todo padre debiera de hacer.  En una entrevista dada en una radio local, ella –Natalia- indica que no deja que su primogénita se vaya sola a las fiestas, está  permanentemente a la expectativa de su menor, no quiere que la vida la golpee, o peor aún algún patán se aproveche de ella.

La lleva al colegio, la protege, la resondra cuando debe de hacerlo. La mima de igual modo cuando tiene el tiempo necesario. Simplemente es una relación de amiga – amiga, más que madre -  amiga, lo que si no le permite es que Natalia (hija), tenga algún tipo  de  comportamiento equívoco con los demás, las malcriadeces están prohibidas, esto  refleja entonces que Natalia Málaga aplica la rectitud y profesa el amor cuando la situación así lo amerita, “es muy dura a veces, pero lo hace para que Natycita siga por el buen camino y no se desbande”, acota Doña Irma.

SEUL 88, LA CUSPIDE

Llegó procedente de la lejana Corea del Sur en el año de 1974 y paradójicamente a estas alturas de su vida, tiene 74 años. Trabajó como asistente técnico del desaparecido Akira Kato y luego ese mismo año asume la conducción del elenco femenino de voleibol. Es el técnico que más conoce a Natalia Málaga, el que la encaminó a conseguir triunfos, el que le inculcó a asumir los errores, el que le enseñó a no llorar en las derrotas, el que le sirvió como referente fundamental para que ella sea hoy quien es.

El rostro de este asiático longevo refleja a una persona con bastante recorrido y sabiduría en el tema de voleibol. Si uno ve un video de hace más de 20 años en el que él se encontraba y hace un comparativo con uno de ahora, verá que al parecer la única diferencia es que tiene más arrugas, después de todo esta igualito. Un poco renegón, sus dientes amarillos, físicamente es alto, maneja un típico peinado de alumno disciplinado, con la raya al costado. Unos lentes tipo Héctor Lavoe, color ahumado, denotan que ve demasiado bien para su edad avanzada, porque ni medida se visualiza que tiene.

Seúl 88, fue el mejor recuerdo de toda su vida. Las vivencias que pasó con las jugadoras de aquel entonces son muchas e innumerables. Lo que más le viene a la mente de aquel año glorioso para el deporte nacional, es la figura de una jovencita, quien, a pesar de las limitaciones de talla que tenía, el empuje y la perseverancia fue lo que la llevó hasta lo más alto que se pudo llegar, hasta lo más alto que ella pudieron llegar.

No era titular indiscutible en ese entonces porque Natalia Málaga, jugó con la mejor generación de voleibolistas que existió en la denominada: “Época dorada de voleibol nacional”, pero su desempeño dentro de la cancha, su constancia en cada entrenamiento, su lucha para que cada balón que era rematado por las contrincantes no llegara a tocar el suelo, hizo que este personaje, sobresalga en aquella selección triunfalista.

A  pesar de tener una talla menudita y ser `chiquita´ como él la denomina, se supo acoplar a las demás y es por eso que el grupo humano formado en ese momento, jugaba muy bien. Las fases preparatorias que sostuvieron ellas, les sirvió para incrementar su potencial y llegar concentradas a los encuentros  de los juegos olímpicos. La adaptación al horario de ese continente no fue difícil, solo era cuestión de dormir un poco menos y luego todo regresaría a la normalidad.

Perú inicia la campaña olímpica contra Brasil, una selección que participaba con varias juveniles, el encuentro fue mero trámite y lo derrota por 3-0 sets. Contra China en el siguiente encuentro, se consigue una angustiosa victoria y una remontada única, por 3-2 sets, luego de ir perdiendo por 14-9 en el quinto set. El marcador fue similar ante la poderosa Estados Unidos. Contra Japón en semifinales, las peruanas pusieron todo su pundonor y entereza para conseguir otra victoria apretada por 3-2 sets.

Perú, en el último encuentro contra la antigua URSS, por la medalla de oro,  luego de ir ganando por 2 sets a cero,  lo pierde por 3 sets a 2. El elenco nacional tenía la desventaja de la estatura, las jugadoras rivales poseían  más envergadura física,  Man Bok Park refiere que a esa selección solo para conseguir el resultado y la posterior medalla olímpica de oro le faltó más preparación física, “veníamos de jugar contra Estados Unidos, China y Japón, en los tres casos habíamos ganado por  3 sets a 2. Las chicas sintieron el cansancio y por ese cansancio, no ganamos la medalla de oro”, indica.

En esos juegos olímpicos, recuerda que Natalia era una muy buena recepcionista, su bloqueo,  a pesar de su talla,  no era malo. Ella sabía bastante de voleibol, tenía buena ubicación  dentro de la cancha. En comparación con otras jugadoras de más talla, ella tenía que lidiar con los bloqueos opositores, pero ni aun así, se limitaba a jugar como sabía y solía hacerlo, “medía 1.69 metros. Tenía un buen saque. Saltaba 80 centímetros y eso le servía bastante para conseguir puntos”, menciona.

La orientación desmedida que le tenía era muy importante. El tamaño solo fue algo minúsculo y que no era un impedimento a que sea buena en lo que hacía. Recuerda que a pesar de estar en otros países, ella corría un par de horas como mínimo en algún parque cercano al hotel. La abnegación  de esta deportista era inigualable,  ella era así desde los 16 años, edad en que entró a la selección juvenil de voleibol,  hasta el último día de jugadora. Se entrenaba mucho y eso le servía bastante.

El carácter de Natalia  es igual al  de Man Bok Park, digna de toda discípula, aprender y posteriormente hacer lo que el maestro hizo. “Su carácter es como el mío, para los resultados están bien, pero para más adelante va a necesitar un trabajo más fuerte”, comenta. La forma que tiene ella de ser, fue probablemente lo que más hizo que el director técnico se acerque de un modo distinto a ella. La sed de triunfo que irradiaba y la falta de capacidad en ese entonces para saber manejar su temperamento eran cosas con las que MR. Park tenía que lidiar durante cada entrenamiento o encuentro que disputaba.

En varias ocasiones se le ve a ella renegando por alguna actuación equivocada de sus compañeras, o de ella misma tal vez, al no saber canalizar su ira, lo que hacía el ex director de la selección era sacarla del campo, hacerla tranquilizarse y luego que entrara al terreno con ese fervor que nos tenía acostumbrado.

No cabe cuestionamiento alguno en que Natalia aprendió todo lo que sabe, o casi todo, de la escuela asiática que fue inculcada desde pequeña. Lo que se ve hoy en día por la televisión, una mujer con carácter y fortaleza disciplinaria similar al de un cuartel del ejército, en el cual si te equivocas en dar un disparo, puedes herir a un compañero, son el fiel reflejo de lo que era ella con Man Bok Park. Había una relación hija – padre, más que alumna – profesor. Esa relación es vigente hasta la fecha, y lo será por siempre.

SU VERBO FLORIDO, TODA UNA INSIGNIA

Natalia, desde muy pequeña comenzó la práctica de este deporte. Recuerda que  cuando aún era muy infante en ese entonces y que  el apoyo constante  de sus  progenitores fue fundamental en ella para sobresalir y ser una de las mejores, “Mis papás me apoyaron un montón. Mi mamá me acompañaba  a todos los partidos, a los campeonatos, incluso a los viajes”. Esto demuestra que la jovencita Natalia en aquella época contaba con la aprobación de la familia, importante detalle sin  lugar a dudas. Su comportamiento tan pronunciado es un tema aparte. Todo un caso. Las palabras desvergonzadas, rústicas y duras de asimilar para algunas personas son muestra de ello.

Se le conoce en toda su magnitud durante los encuentros que dirige, quién no recuerda eso… sus palabrotas o sus frases ya son un estandarte para algunos, otros osan ponerlo como tono de celular e incluso hasta  hay una aplicación denominada: “Frases de Natalia Málaga”, en la cual se escuchan cada una de sus jocosas palabras de alto calibre. Desde los clásicos “desahuévate”,  “pónganle huevos”, “¿con qué se animan, les  enseño  mi poto?”, hasta el “no te escondas huevona, sube”,  “¡reviéntala pes carajo!”, entre otras frases.

Adoptó el temperamento y el carácter de cada uno de sus padres. Ella aduce que por ser la última de sus hermanos tuvo que aprender a la fuerza a ser despierta y a no dejarse tontear por los demás. “Siempre tuve que ser un poco fuerte para defenderme, he visto a mis hermanos mayores y todos tienen carácter, esto ayuda sobre todo para el deporte y para la calle. Allí me hago respetar”, comenta.

Su forma de ser es compleja para quienes no la conocen. Cambiar algo en su personalidad, sería como quitarle la miel a los picarones del fin de semana, o como comerse un cebiche sin su respectivo ají limo al lado… sería osado y descabellado pensar en modificar su conducta. “No cambiaría nada en mí. Soy así”, refiere ella muy solvente.

Sabe que tiene amigos y enemigos, simpatizantes y detractores, esto no le incomoda, “Hay algunos que me quieren y otros que no, todos no tenemos los mismos gustos”. Es consciente que sus vocablos son excesivos…Piensa unos segundos y hace un mea culpa a lo que ella considera errores, “hay momentos en que he tenido cosas malas y reconozco que puedo haber hecho daño  con mis palabras o con alguna expresión y por ello pido disculpas. Pero eso no quiere decir que vas a cambiar, que ya no las vas a decir. Luego de eso, ya sabes de qué manera tratar a las personas”, enfatiza.

Recordar es volver a vivir. Al entrar a conversar el tema de cuando ella era voleibolista, sus ojos brillan, se llenan de euforia –muy distinta a la que se le ve a menudo cuando está como entrenadora-  se vuelve sagaz, muy rauda para responder las interrogantes y no dejarse llevar por la emoción. Su época de jugadora fue `todo´, la suerte que tuvo – indica-  ayudó bastante a su desarrollo y a lograr objetivos trazados, metas inalcanzables para muchas; ella hizo posible que el sueño de una presea se plasme en una dulce realidad… “Tuve la suerte de estar con un grupo humano excelente, hubieron momentos buenos y malos. Las derrotas nos enseñaron a seguir triunfando, creo que al final todas terminamos en la gloria”, cuenta.

Con respecto a este tema, darse vuelta y mirar hacia los lados, observar a las demás voleibolistas de su generación dan fe que sus palabras son ciertas.  Cenaida, Gaby, Cecilia, son congresistas, Rosa García trabaja en la Federación Peruana de Voleibol, es por ello quizás que ahora el deporte que nos dio tantas alegrías en su momento, que nos hizo palpitar el corazón llegando hasta el punto de explotar de alegría, cuenta con más apoyo de la empresa privada y del gobierno.

“Nosotras fuimos cada vez creciendo más, como grupos, como individuales, como jugadoras profesionales, al final crecimos cada una. Seguimos nuestro camino como atletas, pero crecimos todas juntas, como un conjunto”.  Ver a una Natalia Málaga como jugadora hará unos pocos años atrás (2004 año de su retiro), y hoy en día verla como una entrenadora muy exigente, dura, iracunda por el accionar de sus dirigidas, o alegre y sarcástica en los momentos que requiere serlo, denotan en su persona algunas facetas que se adaptan a las circunstancias.

Ser jugadora o ser técnica, qué puede parecer más complejo a la vista de los demás, qué puede agradarle o desagradarle más a la campeona. Es tan difícil a veces ponerse en los zapatos de otra persona y comprender el mundo interior que se tiene, “Como jugadora fui más picona, porque eres parte del trabajo en la cancha, y lógicamente como entrenador, tratas de  indicar -estando afuera- lo que se tiene que hacer adentro… es igual, pero desde otra perspectiva”.

Cerrar los ojos y pensar por unos minutos las vicisitudes que la vida le ha presentado, saber que el ánimo, la garra, el pundonor, fueron los artífices principales para que ella llegue donde está hoy. Demostrarle a todos que fue y es una luchadora, que nunca da un balón por perdido, que cada gota de sudor tienen un significado, que por más que el marcador sea adverso, siempre buscó y luchó cada esférico indicarían que como jugadora fue muy exquisita y como entrenadora es más selectiva.

Ella expresa que ser jugadora implica más vértigo, que es otra cosa… “Yo preferiría ser jugadora, estar afuera es complicado. Desde afuera ves las cosas que van a pasar y a sabiendas  y peor aún ellas aun así fallan… Como técnico es muy angustiante”. Sufrir los encuentros como entrenadora, sin lugar a dudas es electrizante, sentir lo que siente cada peruano cuando las jugadoras consiguen un punto o logran vencer a un rival es sencillamente fascinante. El técnico en cambio está siempre sujeto a las críticas, cuando se hagan bien las cosas o cuando no. El técnico asume, da la cara, pone siempre el pecho por sus dirigidas. Ella es la `mamá´ del grupo, en todo lo bueno, lo malo o lo feo que se dé antes y después de los encuentros, siempre se ve la mano del director de la orquesta, en este caso, la mano de Natalia.

A pesar de que su segundo nombre es el de la virgen, ella no demuestra ser nada dócil en su forma de ser, esto no es un dilema para ella, es sólo aceptarla como es, le guste a quién le guste o en todo caso no.  Lo luchadora y perseverante es algo innato en su persona, quién no la vio esforzarse en cada encuentro que disputaba. La humildad es algo que sale a flote en su ser. Ella lo reconoce y sabe que hay que dar todo por el todo cuando se pone la rojiblanca y se disputa un encuentro de voleibol, “Cualquier persona que juegue por su país, debe de jugar así”, confiesa.

Ser entrenadora y estar supervisando a más de 10 personas debe ser todo un caos, en muchas ocasiones debes ser más que una amiga, debe comprender, escuchar o reír cuando la ocasión sea propicia. “En el caso del entrenador, que es una cabeza, meterse a la de las jugadoras, que en algunos casos son 16, es complicado, en cambio para las jugadoras es más fácil, solo conocen a una persona” indica. Ver desde atrás de la raya demarcatoria entre el campo de juego y la zona técnica como sus dirigidas tratan de hacer bien las cosas, no debe ser tarea fácil, más  aun cuando las jugadoras no comprenden o no plasman lo que el técnico les dice, pero esto no merma el pensar y el sentir de la entrenadora, “como entrenador se disfruta, las dos partes ven de distinta perspectiva las cosas, sin embargo cuando tu equipo camina y sale lo planificado, todo va bien”. 

Pensar que a su casi medio siglo de vida, ya es una persona reconocida, exitosa, un símbolo de firmeza y de dureza, símbolo que toda mujer peruana quisiera ser. Mirándola detenidamente, una atípica mujer peruana, no es mestiza, es alta para variar, deportista hasta los huesos, frenética por el voleibol, ella rompe todos los parámetros de la tradicional fémina connacional. No se considera exitosa, es consciente que le falta aún un largo camino por aprender, por caminar, por conseguir, “no soy exitosa, aún no hemos conseguido nada, hay que seguir aprendiendo de otros equipos, hay que seguir aprendiendo de las jugadoras. A veces te encuentras con algunas que tiene un carácter distinto y aprendes a tratarlas dependiendo sea el caso”.

Sabe que luego de tan extenso caminar, llegan los resultados. Los periodos de entrega y sacrificio que ha tenido durante toda su carrera de voleibolista le han dado frutos, al menos los suficientes como para estar donde se encuentra ahora, en la cúspide de su carrera como técnica de menores o de juveniles, comprende que han pasado muchos años para conseguir este resultado,  “esto no es de ahora, son años de aprendizaje. Vengo trabajando como   jugadora de selección desde el 80´ en categoría  menores con  16 años, hasta el  2004 en que me retiré en la selección de mayores. Todo eso que trabajé como jugadora, capaz me está sirviendo como técnico. Yo he vivido lo que están pasando ellas ahora”, argumenta Natalia.

A sus párvulas, las trata como si fuesen sus propias hijas, es por ello que casi siempre se le ve ese entusiasmo y esa frustración cuando las jugadas no progresan o cuando cometen fallas infantiles. La orientación que les proporciona es de una amiga mayor a una menor, sus vivencias le han enseñado a saber acercarse a éstas pequeñas en edad, pero no en talla, “Hay que decirles lo que uno ya vivió, es como decirle a tu hijo que es adolescente: cuídate, haz esto, no lo hagas. Es igual como entrenadora les dices lo mismo”.

Hay que ver cuán recia puede ser esta mujer. Verla y reflexionar un minuto, idear que esta dama también es de carne y hueso, que siente, llora, que debe de haber pasado momentos tristes en su vida casi insuperables, “Momentos duros los tenemos todos, siempre hay. Retos o dificultades que no se te cumplen… Pero eso no es para que te sacrifiques y te tires a la cama a llorar, al contrario, ese tipo de cosas duras, creo yo, que a mí me hace más fuerte, yo voy al frente, yo no paro… yo no conseguí esto, pero voy más allá de eso”, expresa ella.

Esto demuestra de qué está hecha ella, su personalidad refleja fortaleza, y su forma de ser destella hasta cierto punto temor. Las personas comunes y corrientes, cuando la ven, guardan su distancia, procuran no hacerla enojar y llevar la fiesta en paz. Es conocida como una persona fuerte, dura con un carácter que muchos quisiéramos tener, conociéndola un poco más a fondo, ella no es así. En su casa las cosas cambian, “No soy como me ven. Ustedes me conocen los 30 segundos y el partido entero que ven por la televisión. Yo tengo mi vida fuera de lo que es el voleibol. Yo entro a  cuatro paredes, cancha naranja, tres pelotas,  yo me transformo… pero cuando voy a la calle, soy otra, no quiero ni que me hablen de voleibol”, finaliza en medio de risas.

Nuestra guerrera, triunfadora y luchadora, denota ser una gran mujer. Fiel y leal a su pensamiento, hasta el último día de su vida cabalgará montada en su rigidez y sensibilidad, profesando a todos los que se le crucen en su caminar, lo que aprendió, lo que en su existencia asimiló y lo que Dios le permita compartir.




martes, 26 de noviembre de 2013

LA SERIEDAD DE UNA DAMA


Natalia Málaga Dibós cuenta algunas cosas que tal vez pocos saben.
Se le conoce como una mujer seria, de pocas palabras, nadie o casi nadie, sabe lo que ella es realmente. Solo la ven unos pocos minutos dentro del terreno de juego y tienen una perspectiva diferente de lo que realmente es esta dama que tanta represantitividad profesa a la mujer peruana.

viernes, 22 de noviembre de 2013

MAN BOK PARK HABLA SOBRE SEUL 88

 
El ex director técnico de la selección nacional de voleibol Man Bok Park, da sus apreciaciones acerca de lo que fue y de lo que significó participar en las Olimpiadas de Seúl 88, en la que se quedó en segundo lugar y se estuvo a punto de conseguir la presea dorada. Asi mismo alaba el accionar de Natalia Málaga a la hora de entrenar y de demostrar todo lo que sabe hacer con el balón.

domingo, 17 de noviembre de 2013

DOÑA IRMA, LA NANA DE LA TRIUNFADORA



Doña Irma, es la persona que más conoce a esta triunfadora. Amiga incondicional de Natalia Málaga, vive con ella hace más de 33 años. Explica cómo es la forma de ser de la voleibolista durante la cotidianidad del día a día. Convive con la fama. Agradece el reconocimiento de las personas hacia Natalia. Indica que desde que llegó a la casa Málaga Dibós, la recuerda como una chiquilla que le gustaba el voleibol, siempre perseveró y logró todo lo que quiso.

jueves, 7 de noviembre de 2013

LEYLA CHIHUAN OPINA SOBRE NATALIA MALAGA


La voleibolista y amiga cercana de Natalia Málaga expresa  la satisfacción que le da de saber que su ex compañera dirija a las selecciones nacionales de voleibol. Argumenta también que Natalia tiene un carácter fuerte, pero es ese carácter el que se necesita para poder conseguir triunfos.